El año todavía no termina y ya podemos decir que 2026 ha sido intenso, histórico, emocionante y en algunos momentos doloroso. Estos son los cinco momentos que más se han sentido, más han generado conversación y más han quedado grabados en la memoria colectiva de la comunidad — en orden cronológico.
El Benito Bowl
El 8 de febrero, Bad Bunny se convirtió en el primer artista en encabezar el Halftime Show del Super Bowl con una actuación realizada casi completamente en español, y la comunidad queer lo vivió como propio desde el primer minuto.
Aunque no se presentó con vestido — como tanto se rumoreaba y la derecha tanto temía — Bad Bunny llenó el espectáculo de guiños queer: bailarines hombres perreando juntos, referencias a «Yo Perreo Sola» y mensajes de unión que resonaron con la comunidad latina LGBTQ+. Lady Gaga apareció para cantar una versión en salsa de «Die With A Smile», y Ricky Martin interpretó «Lo Que Le Pasó a Hawaii» — el gay más famoso de Puerto Rico compartiendo escenario con Benito frente a más de 100 millones de espectadores.
GLAAD lo calificó como «representación sin precedentes» en uno de los eventos más vistos del mundo. El mensaje fue claro sin necesitar una bandera: en el mundo de Bad Bunny, todo el mundo está invitado a la fiesta. Y eso, en febrero de 2026, en el contexto político que vivimos, se sintió como un acto de resistencia disfrazado de reggaetón.
Récord histórico en los Juegos Olímpicos de Invierno
Los Juegos de Milano-Cortina 2026 batieron el récord histórico de atletas abiertamente LGBTQ+ compitiendo: al menos 44 deportistas fuera del clóset participaron, frente a los 7 de Sochi 2014 y los 30 de Pekín 2022 — un crecimiento que refleja cómo el deporte de élite está cambiando.
El llamado «Equipo LGBTQ+» ganó 11 medallas en total — cinco de oro, dos de plata y cuatro de bronce — con un sorprendente 37% de sus integrantes subiendo al podio. Entre los momentos más celebrados: la esquiadora sueca Elis Lundholm se convirtió en el primer hombre trans en competir en unos Juegos Olímpicos de Invierno.
Todo esto ocurrió en Italia, bajo el gobierno de Giorgia Meloni, que no es precisamente conocida por su amor a la comunidad. Y sin embargo, ahí estaban — compitiendo, ganando, siendo visibles y llevando banderas de países donde ser queer sigue siendo ilegal. A veces la declaración política más poderosa es simplemente aparecer y ganar.
Los Javis conquistan Cannes
En la 79ª edición del Festival de Cannes, Javier Calvo y Javier Ambrossi ganaron el Premio a Mejor Dirección por La Bola Negra — ex aequo con el polaco Pawel Pawlikowski.
La película explora la experiencia queer en tres momentos históricos distintos: 1932, 1937 y 2017, entrelazando deseo, memoria y represión a través de tres hombres homosexuales marcados por la figura de Federico García Lorca. La protagonizan Guitarricadelafuente, Carlos González y Miguel Bernardeau, con Penélope Cruz, Lola Dueñas y Glenn Close en roles secundarios.
Los Javis fueron contundentes al recoger el premio: «Lo asesinaron por maricón», dijeron sobre Lorca, reivindicando la memoria histórica queer sin suavizarla. Ambrossi defendió que la mejor forma de honrar a las generaciones anteriores de personas LGBTQ+ es garantizar más libertad para quienes vienen detrás.
Los Javis llegaron a Cannes juntos como directores tras haber terminado su relación sentimental de más de una década — demostrando que lo suyo siempre fue más comunidad que romance. La ovación que recibieron fue una de las más largas de la edición. El cine queer en español llegó al festival más importante del mundo. Y ganó.
Tecate Emblema — el festival más queer de México
El Tecate Emblema 2026 reunió en el Autódromo Hermanos Rodríguez el lineup más queer-friendly de la historia del festival: RuPaul, Zara Larsson, Gottmik, Gloria Trevi, Mika, Orville Peck, Christian Chávez, Paris Hilton y Pedro Sampaio, entre otros.
RuPaul llegó como DJ RuPaul — detrás de la consola, bailando tranquilamente — en lo que fue su debut oficial como performer en un festival de música en México. Miles de personas gritando «¡Mamá Ru!» en el Autódromo fue uno de esos momentos que no se olvidan.
Pero RuPaul no fue lo único. Gloria Trevi, ícono con una fanbase queer latinoamericana inmensa. Mika, cuya música ha sido soundtrack de coming out para toda una generación. Orville Peck, el vaquero enmascarado gay que redefine la masculinidad en el country. Christian Chávez, de RBD, abiertamente gay. Pedro Sampaio, referente queer del funk brasileño.
No fue un festival con una cuota queer. Fue un festival que le habló a la comunidad de frente, sin pedir disculpas. Y la comunidad llenó el Autódromo.
La temporada Pride más política de los últimos años
Este año la temporada Pride se vivió diferente. Más necesaria, más tensa y con menos dinero corporativo que nunca.
Muchas grandes marcas redujeron o eliminaron silenciosamente sus patrocinios a eventos LGBTQ+ en 2026, presionadas por el contexto político de la administración Trump y el auge de gobiernos de ultraderecha. Lo que antes era casi automático — el logo con arcoíris en junio — este año se convirtió en decisión estratégica, y muchas marcas eligieron no tomarla. Algunos Prides medianos y pequeños reportaron recortes presupuestarios significativos. La fiesta siguió, pero con menos sponsors y más urgencia.
En CDMX, el Pride vivió una coincidencia inédita: la 48ª Marcha del Orgullo compartió fecha y espacio con el Fan Fest del Mundial FIFA 2026 en el Zócalo. El lema lo decía todo: «Ante los ojos del mundo, mi lucha es tu lucha.» Con la atención internacional del Mundial encima, la comunidad salió a gritar que existía y que no pedía permiso.
Y luego llegó Berlín. En la noche del 25 de julio, una camioneta embistió deliberadamente a la multitud durante el Christopher Street Day en el parque Tiergarten, dejando una mujer muerta y 29 personas heridas. El ataque fue calificado como terrorismo islamista. El Pride fue cancelado esa misma noche. Una asistente lo resumió así: «No nos borrarán nunca. Mientras la humanidad ha existido, hemos existido. Y mientras la humanidad exista, existiremos.»
Ese mismo fin de semana, en Ámsterdam, el WorldPride estaba en pleno apogeo. Y en el Museumplein, frente al Rijksmuseum, estaba instalado el Zero Flags Project: 63 banderas de los países donde la homosexualidad o la diversidad de género sigue siendo penalizada por ley, cada una con un crespón negro de luto. La instalación lleva años viajando por el mundo con un objetivo simple y devastador: contar hacia atrás hasta llegar a cero banderas.
El año todavía no termina. Y si la primera mitad fue así, la segunda no tiene pinta de ser más tranquila.

