La Dominga: la evolución de un show drag que redefinió los domingos queer en CDMX

En una ciudad tan dinámica como la Ciudad de México, donde la oferta cultural y nocturna se reinventa constantemente, pocos proyectos logran construir una identidad sólida y mantenerse relevantes con el paso del tiempo. La Dominga Show es uno de ellos. Lo que comenzó como un espacio dominical con performances drag, música y convivencia, hoy se ha convertido en uno de los puntos de referencia más importantes de la escena queer capitalina.

Más que un evento, La Dominga ha evolucionado hasta convertirse en una experiencia social que combina espectáculo, comunidad y celebración identitaria, marcando un antes y un después en la manera en que se vive el drag fuera del formato nocturno tradicional.

Un concepto que entendió el momento perfecto

Cuando La Dominga apareció en el radar de la escena LGBTQ+ de la CDMX, lo hizo con una propuesta clara: crear un espacio diurno donde el drag, la música y la convivencia pudieran existir sin la presión de la noche, el antro o la fiesta acelerada. El formato de brunch show permitió atraer a un público diverso: locales, visitantes, artistas, aliados y personas que buscaban una experiencia distinta al club nocturno tradicional.

Con el paso del tiempo, el evento encontró su hogar en Foro Roma, un venue que se adaptó perfectamente a la esencia del proyecto. Su ubicación, terraza y estructura permitieron que La Dominga se desarrollara como un punto de encuentro dominical donde el performance se mezcla con coctelería, socialización y una energía mucho más cercana y cálida.

La Dominga como plataforma artística

Uno de los grandes aciertos de La Dominga ha sido su curaduría. A lo largo del tiempo, el show ha reunido a artistas drag consolidados, talentos emergentes y figuras con presencia nacional e internacional, generando un espacio donde conviven estilos, generaciones y propuestas escénicas muy distintas.

El formato no se limita al lipsync tradicional. Hay interacción con el público, conducción con humor, momentos de improvisación y una narrativa que cambia cada semana, lo que mantiene la experiencia fresca incluso para quienes asisten con frecuencia.

Este enfoque ha permitido que La Dominga no solo sea un escenario, sino también una

plataforma de visibilidad para artistas drag que encuentran aquí un espacio profesional, bien

producido y con público constante.

Un punto de encuentro para la comunidad

Más allá del espectáculo, La Dominga se ha consolidado como un espacio social clave para la comunidad LGBTQ+ en la ciudad. En una ciudad donde todo ocurre rápido, tener un punto de reunión fijo los domingos ha generado algo poco común: una tradición.

Personas que viven en CDMX, visitantes de otros estados e incluso turistas internacionales han hecho de La Dominga una parada obligatoria. No se trata solo de ver un show, sino de convivir, reencontrarse, socializar y formar parte de una comunidad que se reconoce semana a semana.

Este componente comunitario es, quizá, uno de los elementos más fuertes del proyecto. La Dominga no funciona únicamente como entretenimiento, sino como un espacio de pertenencia.

De evento dominical a referente cultural

Con el tiempo, el crecimiento del proyecto fue natural. La Dominga dejó de ser solo “un brunch con drag” para convertirse en una marca reconocible dentro de la escena queer capitalina. Su estética, su tono y su constancia la posicionaron como un referente cuando se habla de eventos drag bien producidos en la ciudad.

Este crecimiento permitió que, eventualmente, el concepto se expandiera a ediciones especiales, celebraciones temáticas y eventos de temporada. Entre ellos, surgió la idea de llevar el espíritu del show a una celebración decembrina con La Posada La Dominga, adaptando elementos tradicionales a la identidad drag y comunitaria que caracteriza a La Dominga.

Ese paso no fue casual: fue la consecuencia lógica de un proyecto que ya había construido

una base sólida, una audiencia fiel y un lenguaje propio.

La importancia de su evolución

Lo interesante de La Dominga no es solo su éxito, sino cómo refleja la evolución de la escena drag en México. Cada vez más, estos espacios dejan de ser únicamente nocturnos o underground para convertirse en experiencias culturales abiertas, diversas y visibles.

La Dominga representa esa transición: del show al ritual social, del entretenimiento a la comunidad, del domingo cualquiera a una cita esperada.

En una ciudad donde la oferta LGBTQ+ crece constantemente, proyectos como este demuestran que la clave no está solo en el espectáculo, sino en la constancia, la identidad y la capacidad de crear vínculos reales con el público.

Un fenómeno que sigue creciendo

Hoy, La Dominga es sinónimo de energía, diversidad y celebración. Su evolución habla de una escena que se fortalece, se profesionaliza y se atreve a reinventar la manera en que se vive el drag en la CDMX.

Y aunque ha tenido momentos especiales que marcaron su historia, su verdadera fuerza está en todo lo que ha construido semana a semana: una comunidad que se reconoce, se celebra y se reúne para compartir algo más que un show.

Porque al final, La Dominga no es solo un evento.

Es un punto de encuentro.

Un ritual moderno.

Y una de las expresiones más vivas de la cultura queer en la Ciudad de México.

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