Mitos y tabúes de visitar playas nudistas (y por qué no son lo que crees)

Hablar de playas nudistas todavía genera muchas dudas, nervios y, seamos honestos, morbo innecesario. Para algunos son sinónimo de libertinaje, para otros algo intimidante o “no apto para cualquiera”. Pero la realidad es muy distinta a lo que la mayoría imagina.

Si alguna vez te ha dado curiosidad visitar una playa nudista —o simplemente quieres entender de qué van realmente— aquí desmontamos los mitos más comunes y te contamos cómo se viven en realidad, especialmente desde una perspectiva viajera y queer-friendly.

Mito 1: “Todo el mundo está teniendo sexo”

Este es el mito número uno… y también el más falso.

Las playas nudistas no son espacios sexuales. Son lugares donde la gente decide estar desnuda porque se siente cómoda así, no porque vaya buscando encuentros. En la mayoría de los destinos nudistas del mundo, el comportamiento sexual explícito está prohibido y mal visto.

De hecho, el ambiente suele ser sorprendentemente tranquilo: gente leyendo, tomando el sol, nadando, platicando o simplemente relajándose sin ropa. Nada más.

Ahora bien, también es importante decirlo como es: sí existen algunas playas nudistas —o zonas muy específicas dentro de ellas— donde se ha da el cruising, especialmente en destinos con fuerte presencia LGBTQ+. Esto no es un secreto ni algo nuevo, y suele ocurrir en áreas apartadas, lejos de las zonas familiares o más visibles. Sin embargo, incluso en esos lugares, no es la norma ni el propósito principal de la playa, y mucho menos algo automático. El cruising, cuando existe, se da de forma discreta, consensuada y bajo responsabilidad personal.

Mito 2: “Si vas, todos te van a mirar”

La primera vez siempre da nervio, pero pasa algo curioso: nadie está pendiente de tu cuerpo.

En una playa nudista la desnudez se normaliza tan rápido que deja de ser tema. Hay cuerpos de todo tipo, edades, tallas y formas, y justo por eso el ambiente suele ser mucho más respetuoso que en playas tradicionales.

La regla no escrita es clara: mirar con morbo es de mala educación.

Mito 3: “Solo van personas mayores”

Falso. Aunque es verdad que hay gente mayor (muchísima más cómoda con su cuerpo), también hay jóvenes, parejas, grupos de amigos y viajeros solos.

En destinos turísticos o playas nudistas famosas, la mezcla es muy variada. Y en playas nudistas gay o queer-friendly, el rango de edades suele ser aún más diverso.

Mito 4: “Tienes que desnudarte completamente”

No siempre.

En muchas playas nudistas el nudismo es opcional, no obligatorio. Puedes empezar con traje de baño, quitarte la parte de arriba, o solo desnudarte al meterte al mar. Nadie te va a presionar. La experiencia es personal y progresiva.

Mito 5: “Es solo para gente ‘segura de su cuerpo’”

Al contrario: mucha gente descubre que las playas nudistas ayudan justamente a reconciliarse con su cuerpo.

Al ver cuerpos reales —sin filtros, sin Photoshop, sin estereotipos— es más fácil soltar complejos. No es un desfile de cuerpos perfectos, es un espacio de aceptación.

Para muchas personas queer, además, es una forma de reconectar con su cuerpo sin juicios ni miradas heteronormativas.

Mito 6: “No hay reglas”

Sí las hay, y son muy claras:

• No fotos ni videos.

• No miradas insistentes.

• No tocar sin consentimiento (obvio).

• Respeto absoluto al espacio ajeno.

Y muchas otras series de reglas dependiendo el país. Las playas nudistas suelen ser más respetuosas que muchas playas textiles.

Entonces… ¿por qué la gente va?

Porque se siente libre.

Porque es cómodo.

Porque el mar se siente diferente.

Porque no hay presión estética.

Porque es una experiencia distinta al turismo tradicional.

Porque, una vez que pruebas, entiendes que no tiene nada de raro.

Tip rápido si es tu primera vez

• Elige una playa conocida o recomendada.

• Ve con mentalidad abierta, sin expectativas sexuales.

• Lleva toalla, bloqueador y agua.

• Respeta el ambiente y a los demás.

• Y recuerda: nadie está ahí para juzgarte.

Las playas nudistas no son un show, ni un fetiche, ni una provocación. Son simplemente espacios donde la desnudez deja de ser un tabú y se vuelve algo natural. Y para muchos viajeros —especialmente dentro de la comunidad LGBTQ+— terminan siendo una de las experiencias más liberadoras que puedes vivir.

Si te animas, probablemente descubras que el mayor mito… era el miedo.

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